Lucía Schulz y Manuela Ballester

El carácter tan opuesto de Lucía y László Moholy-Nagy y la preeminencia intelectual de ésta fue uno de los motivos que llevaría más tarde al fracaso del matrimonio, según relata Sybil Moholy-Nagy ,de forma bastante patética, y reconstruyendo un diálogo con László Moholy-Nagy poco después de conocerse ambos.

László Moholy-Nagy lamenta su soledad y exclama al objetar Sybill Moholy-Nagy que había tenido una esposa:

                       «…Una buena profesora —eso fue mi mujer Su inteligencia fue como una llamarada que suministró mi propio caos emocional. Ella me enseñó a razonar. La disciplina que tengo hoy se la debo a ella.   Aprendí a estar solo con mis emociones. (…) Ninguna mujer entiende a un hombre en su totalidad. Es un continuo egotismo: Su ego, su prestigio, su carrera.

Las mujeres no tienen paciencia. No pueden dejar crecer a un hombre

Vengo a recomendar un artículo que leí hace años, y que sigue encantándome, de las mujeres artistas que han pasado desapercibidas al lado de esas grandes mentes plásticas y artísticas masculinas.

Lucía Schulz fue una de las primeras fotógrafas por las que me interesé durante la carrera en conocer su vida. No por nada en especial, sino porque llegado un momento comienzas a preguntarte cosas en tu carrera. ¿Dónde están las mujeres? ¿ No se permitían las mujeres en la Bauhaus? ¿ sólo hay mujeres en las fotografías? La historia del arte (sobre todo la académica y la que se enseña en las universidades) se caracteriza por invisibilizar muchísimo a las mujeres, independientemente de su disciplina artística, hasta bien entrado el siglo XX.

El trabajo de Lucía, como recoge este artículo se basó “sólo” en la documentación de todos y cada uno de los trabajos de diseño industrial que se crearon en las Bauhaus. Es decir, para las personas que hemos estudiado Historia del Arte, puede llegar incluso a sonarnos porque necesariamente hemos tenido que ver su nombre al consultar  fondos bibliográficos sobre la Bauhaus. Y gracias. Luego, a través de diarios, de un trabajo puntilloso y detallado de consulta, conocemos a Lucía Schulz, aquella que fue editora, que coordinó textos y libros sobre la obra plástica en la Bauhaus. Aquella que tenía inquietudes sobre su independencia como mujer, primero frente a su padre y después soportando (porque sí, a los genios se los soporta, lo demás es imagen romántica a destruir) a su marido, archiconocido; Laszlo Moholy Nagy.

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Lucia Moholy: la fotógrafa de la Bauhaus. Universidad de Lleida. Mercedes Valdivieso

Todo esto viene porque hace unos días me alegraba muchísimo al ver que la obra de autores como Josep Renau, artista plástico militante del PCE, defensor de la DDR y uno de los fundadores de la revista Nova Cultura, volvía a aparecer en primera línea, como revulsivo para pensar en una nueva cultura, en organizar nuevas estrategias para la revolución cultural en el estado español. Sobre todo porque Renau fue, al igual que Alberto Sánchez, militantes del Partido Comunista de España, pero de los que poco se sabe fuera de los círculos especializados. A nivel divulgativo son personajes muy residuales. Poca gente sabe el nombre de la obra que  está justo a la entrada del Reina Sofía, el pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella. Menos se sabrá que es obra de Alberto Sánchez.

Sin embargo,  me di cuenta rápido que la dialéctica me la iba a estampar en la cara. Sobre todo cuando la tienes enfocada hacia el feminismo.

En la fotografía que veía, no sólamente aparecía el eminente nombre de Josep Renau en uno de los cementerios de Berlín, sino que aparecía también el nombre de Manuela Ballester. ¿Quién era Manuela Ballester? Conocida socialmente como “la esposa de Josep Renau”,  fue alguien más. De hecho, fue poeta, escritora, cartelista, pintora, muralista, ilustradora y editora de la revista Nova Cultura. Además de tener el mismo grado de militancia política en el PCE que su compañero y ser parte de la Agrupación de Mujeres Antifacistas, de la Unión de Escritores y Artistas Proletarios, y de la Alianza de Intelectuales Antifascistas en Defensa de la Cultura.  Nos empeñamos en recuperar el patrimonio de los grandes, pero no de las grandes, con trabajos a menudo considerados más básicos, pero posiblemente más necesario que el propio ejercicio de la reflexión política.  Porque, ¿qué hace una revista sin editores, por ejemplo?

Sería interesante que alguna vez, a las responsables de estos espacios y partidos políticos se les ocurriera (más bien las dejaran) poner a las mujeres a la vanguardia de las reivindicaciones sociales e históricas. Tenemos a Rosa Luxemburgo, a Aleksandra Kollontai, a Dolores Ibarruri. Pero conocer a las militantes, a las compañeras, a las teóricas de esta ideología en España, sería un trabajo impresionante, un  verdadero paso hacia una lectura patrimonial y de memoria democrática más justa. No sé, igual pido mucho.

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